Jamás pensé trabajar como ama de casa…

Soy de una generación en donde las mamás trabajaban en la casa, pero no era como ahora que se sabe que no es reconocido como debiera, sino en un tiempo en donde eran felices realizándolo, o eso aparentaban.

Conocí pocas señoras que se quejaran de la carga que representa llevar un  hogar y un grupo de criaturas a quienes educar, y no hablo de una o dos como ahora, sino de más de tres y hasta llegar a siete u ocho.

Y no digamos que eran hijos separados por varios años de distancia, más bien eran muy pegados en algunas familias con tan solo un año de diferencia y como máximo tres, como en la que yo crecí.

Qué era para mí el trabajo femenino

El trabajo femenino por tanto era atender a los niños, llevar la casa y tratar bien al papá, no eran tiempos en donde ellos compartían las labores hogareñas o se rifaban en la noche, por dar la “mamila” al más pequeño. Eran años en donde la mamá hacia eso y el papá era un buen proveedor en la mayoría de los casos.

Puede ser que conocí solo familias en esta típica formación, poco se veía en ese tiempo a señores irresponsables o haciéndose pato con sus obligaciones, eso no era bien visto o tan siquiera visto.

Ahora que lo pienso igual y sí existían, pero como en ese tiempo, las pláticas de adultos eran literal de adultos, a los niños nos sacaban a jugar o a otro cuarto, nunca estuvimos presentes en ellas, por eso desconocíamos sobre esas situaciones.

Nunca escuche que mi mamá añorara su tiempo laboral, muy por el contrario creo que fue un tiempo que le agradó dejar atrás”.

Los ejemplos laborales

Los trabajos femeninos eran en aquel entonces no muy comunes en mi mundo, no quiero decir que no existieran, claro que las mujeres trabajaban, por lo menos yo recuerdo tres ejemplos: las maestras de las escuelas, mi tía Carmela que era secretaria en donde mi papá trabajaba y la señorita chiquita, que había sido enfermera y que era la que nos inyectaba cuando era necesario.

En el caso de mi tía era soltera, por eso trabajaba, o sea no habían conseguido un buen marido, bueno ni siquiera marido, que era una de las cosas que se comentaban en las reuniones familiares cuando una mujer tenía que mantenerse.

Sin embargo yo siempre recuerdo a mi tía Carmela sonriente y feliz, nunca la oí quejarse de su situación, más bien se veía que vivía bien, siempre muy bien vestida y afable, eso siempre me quedó grabado en la mente.

Y tal vez por eso siempre pensé que trabajar era algo maravilloso, por lo menos nunca vi a mi tía presionada o disgustada o tan siquiera incomoda con su situación, por el contrario se veía que la pasaba muy bien.

Las amas de casa

En este mundo muy similar al del programa “Los años maravillosos”, nunca me convenció la idea de llegar a ser ama de casa, siempre me pareció tedioso, todos los días lo mismo, desde el amanecer hasta el anochecer. Es más en mis juegos poco hacía de mamá cocinando o realizando alguna labor hogareña, siempre me pareció algo no para mí.

Así que desde siempre quise ser doctora, cosa que le ilusionaba mucho a mi mamá, y quería especializarme en oncología, nada más y nada menos. De donde saqué la idea, no recuerdo, pero así crecí, pensando en que iba a curar gente.

Pero a veces el destino o como yo creo hay situaciones que vivimos y que nos hacen tomar otras decisiones, que nos llevan por caminos diferentes. Y así fue, recuerdo que estando en la prepa, ya para elegir el área de estudio, trabajé en unas vacaciones con mi tío que era doctor y estuve como su asistente.

Quiero decirles que siempre me dijo que uno debía elegir la carrera pensando en el tipo de vida que iba a llevar con la profesión, nada que ver con el sueño que puede uno tener en la cabeza, y él consideraba que la carrera de medicina no era para mujeres. Así que creo que el trabajo con él fue plan con maña de su parte. Después de estar un par de meses en su consultorio de ginecología, me convencí de que esa labor no era para mí y, como todo en mi vida, decidí en un dos por tres cambiar de profesión.

Siguiendo las indicaciones del examen de aptitud que hacían en ese tiempo en la escuela, opte por lo que señalaba era mis inclinaciones naturales, ser periodista y así elegí esta profesión que hasta hoy me encanta.

Ah pero eso sí, no sin ser una de las enormes decepciones de mi mamá, quien ya sentía que tenía doctor en casa.

Por Irma del Olmo
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